"Bartleby, el escribiente": el libro sobre el que filósofos y estudiosos siguen debatiendo
Porque... ¿es un reflejo de la sociedad o advertencia del futuro?
Bartleby, el escribiente (1853), de Herman Melville, a través de la resistencia pasiva del protagonista, examina la alienación, el colapso de la burocracia y la deshumanización del entorno de trabajo.
Entonces… ¿es un reflejo de la sociedad o advertencia del futuro?
¿Sabes? Al final no hay por qué elegir una sola opción. Lo increíble de Bartleby, el escribiente es que es las dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, Melville retrató a la perfección el agobio de su propia época, el siglo XIX, pero por el otro, el tipo clavó una bandera en el futuro y anticipó crisis de salud mental y laboral que nosotros estamos viviendo recién ahora.
Reflejo de su época: La máquina humana en Wall Street
Si miras el contexto, Bartleby es el espejo exacto del nacimiento de la burocracia en el Nueva York de 1850. En ese momento, Wall Street se estaba convirtiendo en el monstruo financiero que es hoy.
Los escribientes o copistas eran básicamente las fotocopiadoras humanas de la época: pasaban horas y horas transcribiendo documentos a mano en oficinas oscuras, encerrados entre biombos y paredes de ladrillo.
Melville nos muestra cómo ese sistema capitalista primitivo ya empezaba a tratar a los empleados como meras piezas de un engranaje.
Advertencia del futuro: El “burnout” y la renuncia silenciosa
Aquí es donde la historia se vuelve casi profética. El famoso “Preferiría no hacerlo” de Bartleby no es una huelga ni una rebelión violenta; es una renuncia pacífica y absoluta.
Hoy en día, eso lo entendemos perfectamente: es el colapso mental, el burnout, o lo que ahora llamamos “renuncia silenciosa” (quiet quitting).
Bartleby es una advertencia de lo que pasa cuando la sociedad te exige producir y rendir al máximo las 24 horas del día hasta que, simplemente, te vacías por dentro y decides desconectarte del sistema.
Sobre la “sociedad del cansancio"
Byung-Chul Han, en su libro La sociedad del cansancio (2010), analiza este fenómeno a la perfección y usa al propio Bartleby como uno de sus ejemplos clave. Él explica que pasamos de la sociedad del siglo XIX (que era “disciplinaria”, de mandatos y prohibiciones) a la sociedad del rendimiento. Hoy en día no nos explota un jefe externo; nos explotamos a nosotros mismos bajo la ilusión de que estamos “cumpliendo nuestras metas”. El lema actual es el “Yes, we can” (Tú puedes), lo que genera una autoexigencia destructiva.
Según el filósofo, el exceso de positividad (”todo es posible”, “tienes que ser productivo”) termina colapsando la mente. El resultado de esta autoexigencia es el síndrome de burnout (desgaste profesional) y la depresión. La sociedad ya no se enferma por infecciones externas, sino por el infarto psíquico que produce el exceso de trabajo y de estímulos.
Byung-Chul Han analiza a Bartleby y explica que su “Preferiría no hacerlo” es la manifestación física y mental de este colapso. Bartleby ya no siente hostilidad ni rebeldía hacia su jefe; lo que tiene es un cansancio tardomoderno, una apatía absoluta. Es el cuerpo y la mente diciendo “basta” ante un sistema que exige rendimiento constante.
Aunque Han usa a Bartleby para ilustrar el problema, hace una advertencia: la resistencia de Bartleby todavía tenía un elemento de paz (el silencio, el no hacer nada). Sin embargo, el filósofo advierte que en nuestra sociedad actual, el cansancio nos aísla aún más, porque en lugar de detenernos como el escribiente, nos seguimos autoexplotando digital y laboralmente hasta vaciarnos por completo.
El dilema del sistema: ¿Qué hacemos con el que no produce?
Otra advertencia brutal que nos deja el libro es cómo reacciona el entorno. El jefe de Bartleby es un buen tipo, un abogado que intenta ayudarlo, pero siempre desde una lógica utilitarista: quiere que Bartleby sea útil o que se vaya.
Al sistema no le entra en la cabeza que alguien decida no hacer nada. La obra nos advierte sobre un futuro —nuestro presente— donde el valor de una persona se mide únicamente por lo que produce.
Si dejas de ser productivo, te vuelves invisible o te conviertes en un problema que la sociedad no sabe cómo resolver.
El aislamiento total
Por último, el aislamiento de Bartleby, que se queda mirando una pared de ladrillos fija durante horas, es un retrato clavado de la desconexión moderna.
Aunque en esa época no existían las pantallas ni el teletrabajo, Melville predijo esa sensación de estar rodeado de gente pero completamente solo. Es una advertencia sobre cómo el trabajo moderno y la vida en las grandes ciudades nos pueden terminar aislando y atomizando, hasta el punto de perder el puente con los demás.
→ Una invitación especial
En mi club de lectura online “Entre líneas”, leemos un libro por mes, de distintos géneros. La idea es aprender o retomar el hábito lector de manera acompañada, a un ritmo sostenible, aprendiendo en comunidad y descubriendo el bien que un buen libro hace en nuestra vida interior.
Si quieres saber más sobre el club o inscribirte, puedes escribirme directamente haciendo clic aquí.

